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domingo, 26 de mayo de 2013

Una Pequeña Madre.


Tenía dos años aproximadamente cuándo mi mamá estaba embarazada de mi hermano. Puedo recordar lo hermosa que se veía y lo contentos que estaban todos por la llegada del bebé. Jugaba a que era mamá, pues tenía mis muñecos e imaginaba que eran bebés de verdad, los bañaba, los vestía, platicaba con ellos y hasta les daba de comer. Era realmente muy curioso, ya que mi prima, que tiene la misma edad que yo, no entendía mi manera de jugar y me decía: “Solo son muñecos, no hagas eso”. Me molestaba que dijera eso, ya que esa era mi ilusión. Yo trataba a mis hijos, ya que así les decía a mis muñecos, como mi mamá me trataba a mí.
Cuándo por fin llegaba mi tía por su hija, me ponía feliz, ya que podía jugar sin necesidad de que me hiciera llorar o de estar peleando con ella. Una vez que se iban, mi mamá jugaba conmigo. Jugábamos a tomar el té, platicábamos de nuestros hijos, sobre que iba a hacer de comer y cosas de madres, según yo. Una vez que terminaba la hora del té, peinaba a mi mamá. Ella siempre terminaba despeinada, pero era nuestro juego preferido. Cuándo me aburría de estar jugando a eso, le acariciaba su pancita; le preguntaba que cuando iba a nacer mi hermanito, mi madre solo decía: “Pronto mi niña, muy pronto”. Eso me ponía muy feliz, entonces yo le cantaba al bebé.
Cuándo mi abuelita llegaba a vernos. Yo la abrazaba; le decía que mi hermanito se movía mucho, pues pensaba que lastimaba la pancita de mi mamá. Ellas solo reían y me decían que el bebé hacia eso porque estaba contento.
Después de la comida, ayudaba a mi mamá a lavar los trastes. Terminando, las tres veíamos la televisión el resto de la tarde. Cuándo mi papá llegaba de trabajar, jugábamos juntos un rato; después me gustaba dormirme a su lado.
El día que mi hermano nació. Yo estaba muy triste porque extrañaba a mi mamá. Sentía que nadie me hacia caso.
Cuándo mi mamá salió del hospital, yo estaba enojada con ella. Pensaba que no me quería, pues al verla cargando a mi hermano me dio mucho coraje, ya que sentía que por culpa de él, mi mamá me había dejado sola; yo me fui con mi abuelita e ignoré a mis padres todo el camino de regreso a casa. Yo estaba celosa; mi papá y mi abuelita me explicaron las cosas. Después se me quito el coraje y abrasé a mi hermano. Pues estaba feliz por su llegada.