Mis tíos habían organizado una salida familiar para el día
domingo. A mi papá le avisaron el viernes y desde luego, él no se negó a
llevarnos. El lugar a donde iríamos era el misterio y esto hacia más
emocionante las cosas.
Llegó el domingo. Estaba muy contenta, ya que me moría de
ganas por salir. Tenía 11 años. Recuerdo que mi papá me regañó, ya que me decía
que me pusiera suéter, pues al lugar donde iríamos hacia mucho frio, pero yo no
quería. Emprendimos camino a casa de mis tíos. Cuándo llegamos, todos tenían unas
mochilas de campamento. Después de que toda la familia se había reunido,
partimos.
Cuando llegamos al misterioso lugar pregunté en donde estábamos.
Mis padres me dijeron que en la marquesa. Mi hermano y yo estábamos muy emocionados,
pues era la primera vez que íbamos a un lugar así. Recuerdo que al ver que mis tíos
y primos que se subían alas cuatrimotos,
yo quería hacer lo mismo. Estaba de
terca insistiéndole a mis padres que me dejaran subir, pero ellos me decían que
no porque no sabía manejarlas. Hice mi berrinche y no le quería hablar a nadie.
Uno de mis tíos me dijo que si me quería subir con el. Obviamente le dije que
si. Voltee a ver a mis padres. Mi papá no hizo nada más que reírse, pero mi
mamá me vio de una manera, que hasta le fecha no olvido su mirada.
Mientras iba con mi tío el me decía como manejarla. Disfruté
tanto esa vuelta, que me quede con ganas de dar una yo solita. Mi hermano convenció
a mis padres de que nos dejaran subir solos. Nos dejaron y yo la manejaba, pues
me sentía muy autosuficiente. Íbamos a toda velocidad, pero a la hora de dar
una vuelta, no disminuimos la velocidad. Esto provocó que saliéramos volando mi
hermano y yo. La cuatrimoto calló encima de mi pierna. Yo caí sobre mi hermano.
Me levanté y me cercioré de tener nada. Vi
a mi hermano y tampoco tenia nada. Todos mis tíos morían de risa, incluyendo a
mis padres. Nadie fue a ayudarnos. Así que nos subimos de nuevo a la cuatrimoto
y nos dirigimos con mis padres. Mi papá
nos preguntó que si estábamos bien. Nosotros le contestamos que si, que solo
nos dolía el pie. Mi mamá me dijo que eso me buscaba por andar de necia, pero
no me importó. Después dimos otras vueltas, pero ya no nos caímos. Todo fue muy
divertido.
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