Estaba cursando cuarto semestre en el Colegio de Bachilleres
9. Era un poco irresponsable y en ocasiones todo me daba igual, así que mis
amigos y yo decidimos no entrar a clases y salirnos de la escuela a echar
relajo, ya que era el cumpleaños de Óscar. Nos fuimos a la casa de Óscar, mi amigo,
quien vivía atrás de la escuela. Empezamos a comer palomitas y a tomar,
mientras jugamos jenga. El que tirara la torre tenía que tomarse un fondo. Era divertido al principio, pero después
nos aburrimos. Decidimos salir a dar la vuelta en la motoneta de Óscar. Primero
dijo que sí, pero como todos ya estábamos ebrios, nos dijo que no. Nos aburrimos
de estar en casa de Óscar y preferíamos salir a jugar en la calle. El nos dijo:
“Hagamos un trato. Salgamos a dar la vuelta en la moto, pero solo alrededor de
la escuela, ya que ustedes no tienen licencia”. Todos dijimos que sí. Al
principio eso hacíamos, pero después nos ganó la curiosidad de irnos más lejos.
Óscar estaba platicando. Entonces les pregunté a Gaby y a Ivonne: “¿Vamos a dar
la vuelta a la avenida 412?”.Ellas me dijeron que sí. Íbamos jugando. Cambiábamos
de carril una y otra vez a una velocidad moderada, pero ellas me decían que más
rápido y decidí acelerarle. No fue la mejor idea. Al momento que aceleré, mi amiga Ivonne movió el volante. Delante de nosotras
iba un camión, traté de frenar, pero me resultó inútil y chocamos contra él. Mi
amiga Gabriela salió volando. Ivonne rodó debajo del camión y yo me estampé y
caí. Traté de levantarme, pero me dolía el cuello y la cintura. El chofer del
camino y algunos pasajeros se bajaron a auxiliarnos.
Ivonne se levantó y le dije que le hablara a Óscar. Llegaron las patrullas y
una ambulancia. A Gaby y a mí nos pusieron un collarín. Los paramédicos nos decían
que teníamos suerte de seguir con vida, ya que no llevábamos casco e íbamos a
exceso de velocidad. Los oficiales querían llevarnos al Ministerio Público, ya
que habíamos manejado en estado de
ebriedad, sin casco y sin permiso para conducir. Óscar llegó y habló con los policías.
No dudo en lo más mínimo que les haya ofrecido dinero para que nos dejan ir. La
motoneta se la llevaron al corralón. Óscar estaba muy enojado con nosotras,
pero al mismo tiempo lloraba. Nos decía que esta muy contento de que siguiéramos
con vida. Se sentía culpable de que nosotras estuviéramos así. Decía que de no
haberse descuidado, nada de eso habría pasado. Nos llevaron al hospital para
ver si no teníamos algún golpe interno. Al salir, Óscar y otros amigos nos
llevaron nuestras casas.
Cuando llegué a mi casa, mi mamá se espantó al verme
con collarín. La abrasé mientras lloraba y le decía que la amaba y que me perdonara. Ella me preguntó
que me había pasado. Le dije que había chocado el camión en el que venía, pues decidí
nunca decirle la verdad.
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