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domingo, 2 de junio de 2013

El Tobogán de la Muerte

    
     Esta aventura sucedió un domingo. Salimos de mí casa muy temprano, pues iríamos de excursión con  el resto de la familia. Tenía ocho años aproximadamente y estaba muy emocionada. Recuerdo que mí papá le decía a mí mamá: “No olvides los boletos y la cámara”. Yo no sabía a donde iríamos. Solo miraba a mis padres que andaban de un lado a otro. Mi papá estaba enojado, ya que casi no llegábamos a casa de mis tíos y el camión nos estaba esperando.

     Una vez que emprendimos camino, pregunté  a donde iríamos y me decían que al Rollo. No tenía la más mínima idea de que era eso, pues imaginaba que era algo donde te daban vueltas. Cuando llegamos al Rollo me sorprendí mucho, ya que no era nada comparado a lo que imaginaba. Para poder ingresar, teníamos que pasar por un chorro de agua. La cual estaba muy fría y sentía que me ahogaba. Una vez dentro, me sorprendió ver un enorme tobogán. Les dije a mis padres que moría por subirme, pero no me hicieron caso.

     Nos separamos en pequeños grupos. Quería ir al tobogán,  pero mis papás no. Recuerdo que mi mamá me dijo: “Ni se te ocurra andar de salidita. Desaparécete de mi vista y vas a ver como te va”. Ante la amenaza de mi mamá tuve que estar a su lado todo el tiempo o al menos  hasta que tuviera un pequeño descuido para ir a divertirme.

     Mi mamá se puso a platicar con una tía y no desaproveche la oportunidad. Una  de mis tías me dijo: “Ven Jaz. Vamos al tobogán”. Sin pensarlo dos veces le dije que si y fui con ella. Estábamos por lanzarnos del tobogán, pero sentí remordimiento de haberme ido sin avisarle a mis padres. Tenía en mi mente las palabras de mamá, pero ya era demasiado tarde.  Nos dejamos caer. Yo gritaba y al mismo tiempo sentía un hueco en mi estomago. Mi tía me decía que no me fuera a soltar, pero al momento en que caímos a la piscina solté la mano de mi tía y como no sabía nadar me fui casi al fondo. Estaba desesperada por querer salir del agua, ya que me estaba ahogando. Lloraba al mismo tiempo que luchaba por salir, pues de no haber desobedecido a mi mamá eso no me hubiera pasado. Mi tía se reía cuando me sacó del agua. Me llevó con mi mamá, que me esperaba el pie de la piscina, ella muy enojada me dijo: “Eso te pasa por andar de salida”. Yo solo lloraba. Desde ahí aprendí a no volver a separarme de mamá en las salidas familiares donde hubiera agua de por medio.

     Me regañaron por lo que hice. Me hicieron ver y entender lo que me pudo haber pasado. Pero lo peor de todo fue que no me divertí en nada.


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