Esta
aventura sucedió un domingo. Salimos de mí casa muy temprano, pues iríamos de
excursión con el resto de la familia.
Tenía ocho años aproximadamente y estaba muy emocionada. Recuerdo que mí papá
le decía a mí mamá: “No olvides los boletos y la cámara”. Yo no sabía a donde
iríamos. Solo miraba a mis padres que andaban de un lado a otro. Mi papá estaba
enojado, ya que casi no llegábamos a casa de mis tíos y el camión nos estaba
esperando.
Una vez
que emprendimos camino, pregunté a donde
iríamos y me decían que al Rollo. No tenía la más mínima idea de que era eso, pues
imaginaba que era algo donde te daban vueltas. Cuando llegamos al Rollo me sorprendí
mucho, ya que no era nada comparado a lo que imaginaba. Para poder ingresar,
teníamos que pasar por un chorro de agua. La cual estaba muy fría y sentía que
me ahogaba. Una vez dentro, me sorprendió ver un enorme tobogán. Les dije a mis
padres que moría por subirme, pero no me hicieron caso.
Nos
separamos en pequeños grupos. Quería ir al tobogán, pero mis papás no. Recuerdo que mi mamá me
dijo: “Ni se te ocurra andar de salidita.
Desaparécete de mi vista y vas a ver como te va”. Ante la amenaza de mi mamá
tuve que estar a su lado todo el tiempo o al menos hasta que tuviera un pequeño descuido para ir
a divertirme.
Mi mamá
se puso a platicar con una tía y no desaproveche la oportunidad. Una de mis tías me dijo: “Ven Jaz. Vamos al
tobogán”. Sin pensarlo dos veces le dije que si y fui con ella. Estábamos por
lanzarnos del tobogán, pero sentí remordimiento de haberme ido sin avisarle a
mis padres. Tenía en mi mente las palabras de mamá, pero ya era demasiado
tarde. Nos dejamos caer. Yo gritaba y al
mismo tiempo sentía un hueco en mi estomago. Mi tía me decía que no me fuera a
soltar, pero al momento en que caímos a la piscina solté la mano de mi tía y
como no sabía nadar me fui casi al fondo. Estaba desesperada por querer salir
del agua, ya que me estaba ahogando. Lloraba al mismo tiempo que luchaba por
salir, pues de no haber desobedecido a mi mamá eso no me hubiera pasado. Mi tía
se reía cuando me sacó del agua. Me llevó con mi mamá, que me esperaba el pie
de la piscina, ella muy enojada me dijo: “Eso te pasa por andar de salida”. Yo solo lloraba. Desde ahí
aprendí a no volver a separarme de mamá en las salidas familiares donde hubiera
agua de por medio.
Me
regañaron por lo que hice. Me hicieron ver y entender lo que me pudo haber
pasado. Pero lo peor de todo fue que no me divertí en nada.
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