Cursaba el tercer
año de secundaria. Viridiana, mi amiga, iba a cumplir 15 años y le harían una fiesta.
Todas mis amigas estaban muy emocionadas por la ocasión. Me dieron solo un
boleto y mi mamá no me dejaría ir sola. Además era una niña muy rebelde y tenia
bajas calificaciones. Le supliqué que me dejara ir, pero todo el tiempo me
decía que no. Decidí darme por vencida, pues sabía que nada de lo que le dijera
serviría en ese momento.
Cuando llegó mi papá, lo
primero que hice fue decirle de la fiesta. Él me dijo: “Jazmín, déjame cenar y
después hablamos”. Sabía que tenía una esperanza de asistir. Cuando terminó de
cenar le volví a mencionar el tema de la fiesta. Después de un rato me dijo:
“Dame una buena razón para dejarte ir”. “Prometo ya no pelearme en la escuela.
Voy a hacer mis tareas y no me voy a ir de pinta”, le respondí. También prometí
ayudar a mi mamá con las labores de la casa, aunque sabían que no lo cumpliría.
Les rogué toda la semana y me
porté de maravilla. Llegó el sábado. Yo aún no sabía si iría a la fiesta. Era
mediodía y mi mamá me dijo: “Apúrate que ya es tarde ¿acaso no piensas ir
a tu fiestecita?”. Esto me puso muy contenta. Me metí a bañar y me arreglé para
irme a la fiesta.
Mi papá llegó por mí a
las 18:00 horas. Me dejó en el salón y dijo: “Vengo por ti a la una. Pórtate
bien”.
Entré al salón y me dirigí con
mis amigas. Estuvimos platicando mientras cenábamos. Vimos Bailar a Viri. Todo
marchaba de maravilla, hasta que me ganó la curiosidad de por tomar del vino
que estaba en la mesa. Al principio fue desagradable el sabor, pero después me
gustó y comencé a tomar como si fuera agua. Estaba completamente borracha. Ya
no era consciente de lo que hacía y mis amigas me cuidaron el resto de la fiesta.
Mis padres llegaron y entraron
al salón por mí. Traté de disimular mi borrachera lo más que pude, pero era
inútil. Caminaba y me iba de lado. No me dijeron nada en ese momento. Llegamos
a casa y lo único que hice fue irme a dormir.
Al otro día no me acordaba de
nada. Lo único que recordaba con claridad era lo que hicimos durante la cena. Me
regañaron muy fuerte, pues tenía 14 años y ya había probado el alcohol. Desde
aquella vez, cada que voy a una fiesta me dicen: “No quiero que tomes o nunca
más en tu vida te voy a dejar salir. Mientras vivas en la casa, vas a hacer lo
que nosotros digamos. Te parezca o no”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario